
Taruk, cuyo nombre significa “correcaminos” en lengua yaqui, es un autobús de 9.5 metros, con capacidad para 60-65 pasajeros, autonomía de hasta 350 km y carga en apenas 2 o 4 horas. Más impresionante aún, cuenta con entre 75 % y 100 % de integración nacional, cumpliendo con los requisitos del T-MEC, y ha sido avalado con el sello “Hecho en México”.
Capacidad de producción y escalabilidad
Actualmente, Taruk se produce en 2 000 unidades al año, con planes para escalar a 6 000 unidades en los siguientes 18 meses. Sin embargo, el posible pedido de Los Ángeles supera con creces esta capacidad, lo que plantea un desafío logístico y de producción para Megaflux, la empresa desarrolladora, junto con DINA, y socios académicos como la UNAM, UAM y Conacyt.
Contexto geopolítico: transición tecnológica y electromovilidad
Marcelo Ebrard explicó que este interés se enmarca en políticas estadounidenses y europeas que buscan reducir la dependencia tecnológica de Asia. Destacó la importancia de que México desarrolle y exporte tecnología crítica con autonomía propia. Añadió que este tipo de vehículos, conectados “a la nube” para monitorización en tiempo real, representan una nueva era en transporte público inteligente.
Impacto regional y estrategia nacional
El anuncio de la posible compra por parte de Los Ángeles no solo refuerza el prestigio de un producto mexicano innovador, sino que también representa una oportunidad para posicionar la industria nacional en cadenas globales. Ebrard estimó que, sumado a este tipo de iniciativas, la inversión extranjera directa en México podría alcanzar 45 000 millones de dólares en 2025, consolidando al país como actor estratégico en tecnología y movilidad verde.
El interés de una entidad internacional como Los Ángeles por los autobuses eléctricos Taruk marca un antes y un después para la electromovilidad en México. Este producto no solo refleja innovación tecnológica, sino también una política de desarrollo industrial con visión soberana. La capacidad productiva y la articulación público-privada serán clave para atender esta demanda, y definir el papel de México como proveedor global de soluciones limpias y conectadas.












