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Terapia génica del IPN busca combatir el dolor crónico

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Investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollan una terapia génica experimental que busca actuar sobre los mecanismos moleculares relacionados con el dolor y la inflamación crónica. El proyecto, realizado en el Laboratorio de Terapia Génica de la Escuela Superior de Medicina, ya cuenta con un fármaco desarrollado en laboratorio y evaluado en modelos experimentales.

La investigación plantea una posible alternativa frente al uso prolongado de analgésicos y antiinflamatorios para enfermedades en las que el dolor y la inflamación pueden mantenerse durante largos periodos. Sin embargo, el tratamiento todavía se encuentra en una etapa experimental y no es una terapia disponible para pacientes.

¿Cómo funcionaría la terapia del IPN?

El proyecto utiliza una estrategia conocida como terapia antisentido, junto con tecnologías relacionadas con RNA de interferencia y DNA.

La idea consiste en identificar genes y proteínas involucrados en los procesos inflamatorios para después actuar sobre determinados blancos moleculares. En lugar de bloquear de manera general las vías asociadas con el dolor, el objetivo es silenciar receptores específicos que participan en la respuesta inflamatoria.

Entre los blancos estudiados se encuentran receptores relacionados con las interleucinas IL-21R e IL-23R, moléculas que participan en procesos del sistema inmunitario y la inflamación.

Viviany Maydel Sierra Sánchez, especialista en farmacología vinculada con el proyecto, explicó que el uso de RNA de interferencia representa un campo todavía poco desarrollado en México y que la estrategia busca silenciar determinados blancos terapéuticos desde el interior de las células.

En términos sencillos, el objetivo es intervenir en una parte específica del mecanismo que contribuye a la inflamación, en lugar de limitarse a disminuir el dolor una vez que aparece.

El proyecto ya fue probado en modelos experimentales

De acuerdo con la información disponible, el equipo del IPN consiguió desarrollar un fármaco desde cero y evaluarlo en modelos de dolor.

Los investigadores reportaron una disminución de indicadores conductuales y moleculares asociados con la inflamación durante las pruebas experimentales. Estos resultados son una señal para continuar con la investigación, pero no equivalen todavía a demostrar que el tratamiento sea seguro o eficaz en personas.

Esta diferencia es importante porque un tratamiento experimental debe superar distintas etapas antes de convertirse en una opción médica. Los resultados obtenidos en modelos de laboratorio no permiten predecir por sí solos cómo responderán todos los pacientes ni cuáles serán sus posibles efectos secundarios.

Por ahora, el proyecto continúa en investigación y el equipo trabaja en nuevas moléculas que permitan espaciar la frecuencia de administración del tratamiento.

¿Qué enfermedades podría atender?

La investigación está orientada a enfermedades en las que el dolor y la inflamación forman parte importante del problema, entre ellas:

  • Artritis reumatoide.
  • Psoriasis.
  • Fibromialgia.
  • Dermatitis.

Esto no significa que la terapia haya sido aprobada para tratar estas enfermedades. Se trata de padecimientos mencionados dentro del campo de aplicación potencial de la investigación, mientras que el desarrollo continúa en una fase experimental.

La posibilidad de intervenir sobre diferentes blancos moleculares también abre una línea de investigación relacionada con tratamientos más específicos para distintas enfermedades inflamatorias.

El objetivo también es reducir el uso prolongado de medicamentos

Uno de los motivos que impulsaron el proyecto es la búsqueda de alternativas para personas que requieren tratamientos durante periodos prolongados.

Los analgésicos y antiinflamatorios son herramientas utilizadas habitualmente para controlar el dolor, pero determinados medicamentos pueden producir efectos adversos, especialmente cuando se utilizan durante periodos prolongados o sin supervisión médica.

Por esta razón, el equipo del IPN busca desarrollar una estrategia que actúe directamente sobre mecanismos relacionados con la inflamación y que eventualmente pueda disminuir la necesidad de recurrir de manera frecuente a algunos medicamentos convencionales.

Esto debe entenderse como un objetivo de investigación, no como un beneficio clínico ya demostrado en pacientes.

¿Qué es la terapia génica?

La terapia génica reúne diferentes técnicas que buscan modificar, regular o utilizar material genético para intervenir en procesos relacionados con una enfermedad.

En este proyecto, el enfoque no consiste simplemente en «cambiar los genes» de una persona. La investigación utiliza moléculas de RNA y DNA para interferir con determinados procesos celulares relacionados con la inflamación.

La terapia antisentido, por ejemplo, puede utilizar secuencias diseñadas para unirse a moléculas de RNA específicas y modificar la manera en que determinada información genética es utilizada por las células.

El uso de estas tecnologías permite investigar tratamientos dirigidos hacia objetivos moleculares concretos, aunque su desarrollo requiere demostrar seguridad, eficacia y una administración adecuada antes de llegar a la práctica clínica.

El siguiente paso es desarrollar nuevas moléculas

El equipo del IPN continúa trabajando en nuevas versiones de las moléculas utilizadas en la investigación.

Uno de los objetivos es conseguir que el tratamiento pueda administrarse con menor frecuencia. De acuerdo con la información publicada sobre el proyecto, esto podría facilitar su utilización en caso de que en el futuro demostrara ser seguro y eficaz en estudios posteriores.

Todavía quedan etapas importantes por superar antes de hablar de una terapia disponible para pacientes. Los resultados de laboratorio tendrán que respaldarse mediante investigaciones adicionales y, eventualmente, estudios clínicos diseñados para evaluar seguridad y eficacia en seres humanos.

Por ahora, el desarrollo del IPN representa una línea experimental de investigación mexicana que busca intervenir directamente en los mecanismos moleculares del dolor y la inflamación, con la posibilidad de abrir nuevas vías terapéuticas para enfermedades crónicas si los siguientes estudios confirman sus resultados.

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